viernes, 21 de agosto de 2009

Manifiesto propio y otras lides

Mis muy queridos todos,
Como ya saben (porque os lo dice vuestro programa), la próxima semana hay dos eventos importantes en nuestras vidas: 

1) Control de lectura --> para este control tendrán que haber leído los cinco artículos que les di en clases más la carta del Papa Juan Pablo II a los artistas.  Les adjunté en el blog lo de Juan Emar para aquellos que no fueron a clases el martes pasado.  Hay que haberse leído también La contadora de películas de Rivera Letelier.  En el control, haré preguntas de desarrollo en las que tendrán que asociar los distintos planteamientos de los manifiestos leídos con la novela y tendrán que asociar los distintos manifiestos entre sí.  

2) Manifiesto propio --> tal como conversamos en clases, la idea es que escriban su propio manifiesto, explicando en él qué es el arte para ustedes, cuáles son los valores que, según ustedes, lo rigen y cuál es la importancia que ustedes le dan al arte en la sociedad actual.  A grandes rasgos, hay que contestar estas tres cuestiones.  Hay, por supuesto, muchos temas más a los que se pueden referir como, por ejemplo,  ¿qué es la belleza?, ¿es necesario que el arte sea bello?, ¿es arte sólo lo que genera impacto?, ¿tiene alguna dimensión educativa el arte? y un largo etcétera.  Si no logran inspirarse con estas ideas, fíjense que en los manifiestos que hemos leído se tratan diversos temas.  Pueden, si quieren, partir de una idea tomada de algún manifiesto (y lo dicen, por favor: "idea tomada del escrito tanto de tanto y tanto") y de allí seguir con sus propias ideas.
EXTENSIÓN:  cuatro planas a espacio y medio aproximadamente.  Pueden incluir fotos, dibujos, canciones o lo que quieran (que no se contarán dentro de las cuatro páginas a espacio y medio).

Nos vemos el próximo martes =)
Saludos,
PILAR

Carta a los artistas de Juan Pablo II

Mis queridos,
Acá va la carta que nos escribió Juan Pablo II.  Ésta es sólo una parte.  Si quieren leer más, vayan al link que les pongo a continuación:

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/documents/hf_jp-ii_let_23041999_artists_sp.html#_ftnref1

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CARTA
DEL SANTO PADRE  JUAN PABLO II 
A LOS ARTISTAS

A los que con apasionada entrega 
buscan nuevas « epifanías » de la belleza 
para ofrecerlas al mundo 
a través de la creación artística.

« Dios vio cuanto había hecho, y todo estaba muy bien » (Gn 1, 31)


El artista, imagen de Dios Creador

1. Nadie mejor que vosotros, artistas, geniales constructores de belleza, puede intuir algo del pathoscon el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos. Un eco de aquel sentimiento se ha reflejado infinitas veces en la mirada con que vosotros, al igual que los artistas de todos los tiempos, atraídos por el asombro del ancestral poder de los sonidos y de las palabras, de los colores y de las formas, habéis admirado la obra de vuestra inspiración, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros.

Por esto me ha parecido que no hay palabras más apropiadas que las del Génesis para comenzar esta Carta dirigida a vosotros, a quienes me siento unido por experiencias que se remontan muy atrás en el tiempo y han marcado de modo indeleble mi vida. Con este texto quiero situarme en el camino del fecundo diálogo de la Iglesia con los artistas que en dos mil años de historia no se ha interrumpido nunca, y que se presenta también rico de perspectivas de futuro en el umbral del tercer milenio.

En realidad, se trata de un diálogo no solamente motivado por circunstancias históricas o por razones funcionales, sino basado en la esencia misma tanto de la experiencia religiosa como de la creación artística. La página inicial de la Biblia nos presenta a Dios casi como el modelo ejemplar de cada persona que produce una obra: en el hombre artífice se refleja su imagen de Creador. Esta relación se pone en evidencia en la lengua polaca, gracias al parecido en el léxico entre las palabras stwórca (creador) ytwórca (artífice).

¿Cuál es la diferencia entre « creador » y « artífice »?El que crea da el ser mismo, saca alguna cosa de la nada —ex nihilo sui et subiecti, se dice en latín— y esto, en sentido estricto, es el modo de proceder exclusivo del Omnipotente. El artífice, por el contrario, utiliza algo ya existente, dándole forma y significado. Este modo de actuar es propio del hombre en cuanto imagen de Dios. En efecto, después de haber dicho que Dios creó el hombre y la mujer « a imagen suya » (cf. Gn 1, 27), la Biblia añade que les confió la tarea de dominar la tierra (cf.Gn 1, 28). Fue en el último día de la creación (cf. Gn1, 28-31). En los días precedentes, como marcando el ritmo de la evolución cósmica, el Señor había creado el universo. Al final creó al hombre, el fruto más noble de su proyecto, al cual sometió el mundo visible como un inmenso campo donde expresar su capacidad creadora.

Así pues, Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser artífice. En la «creación artística» el hombre se revela más que nunca «imagen de Dios» y lleva a cabo esta tarea ante todo plasmando la estupenda « materia » de la propia humanidad y, después, ejerciendo un dominio creativo sobre el universo que le rodea. El Artista divino, con admirable condescendencia, trasmite al artista humano un destello de su sabiduría trascendente, llamándolo a compartir su potencia creadora. Obviamente, es una participación que deja intacta la distancia infinita entre el Creador y la criatura, como señalaba el Cardenal Nicolás de Cusa: «El arte creador, que el alma tiene la suerte de alojar, no se identifica con aquel arte por esencia que es Dios, sino que es solamente una comunicación y una participación del mismo»[1].

Por esto el artista, cuanto más consciente es de su «don», tanto más se siente movido a mirar hacia sí mismo y hacia toda la creación con ojos capaces de contemplar y de agradecer, elevando a Dios su himno de alabanza. Sólo así puede comprenderse a fondo a sí mismo, su propia vocación y misión.

La especial vocación del artista

2. No todos están llamados a ser artistas en el sentido específico de la palabra. Sin embargo, según la expresión del Génesis, a cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra.

Es importante entender la distinción, pero también la conexión, entre estas dos facetas de la actividad humana. La distinción es evidente. En efecto, una cosa es la disposición por la cual el ser humano es autor de sus propios actos y responsable de su valor moral, y otra la disposición por la cual es artista y sabe actuar según las exigencias del arte, acogiendo con fidelidad sus dictámenes específicos[2]. Por eso el artista es capaz de producir objetos, pero esto, de por sí, nada dice aún de sus disposiciones morales. En efecto, en este caso, no se trata de realizarse uno mismo, de formar la propia personalidad, sino solamente de poner en acto las capacidades operativas, dando forma estética a las ideas concebidas en la mente.

Pero si la distinción es fundamental, no lo es menos la conexión entre estas dos disposiciones, la moral y la artística. Éstas se condicionan profundamente de modo recíproco. En efecto, al modelar una obra el artista se expresa a sí mismo hasta el punto de que su producción es un reflejo singular de su mismo ser, delo que él es y de cómo es. Esto se confirma en la historia de la humanidad, pues el artista, cuando realiza una obra maestra, no sólo da vida a su obra, sino que por medio de ella, en cierto modo, descubre también su propia personalidad. En el arte encuentra una dimensión nueva y un canal extraordinario de expresión para su crecimiento espiritual. Por medio de las obras realizadas, el artista habla y se comunica con los otros. La historia del arte, por ello, no es sólo historia de las obras, sino también de los hombres. Las obras de arte hablan de sus autores, introducen en el conocimiento de su intimidad y revelan la original contribución que ofrecen a la historia de la cultura.

La vocación artística al servicio de la belleza

3. Escribe un conocido poeta polaco, Cyprian Norwid: «La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir»[3].

El tema de la belleza es propio de una reflexión sobre el arte. Ya se ha visto cuando he recordado la mirada complacida de Dios ante la creación. Al notar que lo que había creado era bueno, Dios vio también que era bello[4]. La relación entre bueno y bello suscita sugestivas reflexiones. La belleza es en un cierto sentido la expresión visible del bien, así como el bien es la condición metafísica de la belleza. Lo habían comprendido acertadamente los griegos que, uniendo los dos conceptos, acuñaron una palabra que comprende a ambos: «kalokagathia», es decir «belleza-bondad». A este respecto escribe Platón: «La potencia del Bien se ha refugiado en la naturaleza de lo Bello»[5].

El modo en que el hombre establece la propia relación con el ser, con la verdad y con el bien, es viviendo y trabajando. El artista vive una relación peculiar con la belleza. En un sentido muy real puede decirse que la belleza es la vocación a la que el Creador le llama con el don del « talento artístico ». Y, ciertamente, también éste es un talento que hay que desarrollar según la lógica de la parábola evangélica de los talentos (cf. Mt 25, 14-30).

Entramos aquí en un punto esencial. Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística —de poeta, escritor, pintor, escultor, arquitecto, músico, actor, etc.— advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad.

El artista y el bien común

4. La sociedad, en efecto, tiene necesidad de artistas, del mismo modo que tiene necesidad de científicos, técnicos, trabajadores, profesionales, así como de testigos de la fe, maestros, padres y madres, que garanticen el crecimiento de la persona y el desarrollo de la comunidad por medio de ese arte eminente que es el «arte de educar». En el amplio panorama cultural de cada nación, los artistas tienen su propio lugar. Precisamente porque obedecen a su inspiración en la realización de obras verdaderamente válidas y bellas, non sólo enriquecen el patrimonio cultural de cada nación y de toda la humanidad, sino que prestan un servicio social cualificado en beneficio del bien común.

La diferente vocación de cada artista, a la vez que determina el ámbito de su servicio, indica las tareas que debe asumir, el duro trabajo al que debe someterse y la responsabilidad que debe afrontar. Un artista consciente de todo ello sabe también que ha de trabajar sin dejarse llevar por la búsqueda de la gloria banal o la avidez de una fácil popularidad, y menos aún por la ambición de posibles ganancias personales. Existe, pues, una ética, o más bien una « espiritualidad » del servicio artístico que de un modo propio contribuye a la vida y al renacimiento de un pueblo. Precisamente a esto parece querer aludir Cyprian Norwid cuando afirma: «La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir».

El arte ante el misterio del Verbo encarnado

5. La ley del Antiguo Testamento presenta una prohibición explícita de representar a Dios invisible e inexpresable con la ayuda de una «imagen esculpida o de metal fundido» (Dt 27, 25), porque Dios transciende toda representación material: «Yo soy el que soy» (Ex 3, 14). Sin embargo, en el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios en persona se ha hecho visible: «Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4, 4). Dios se hizo hombre en Jesucristo, el cual ha pasado a ser así «el punto de referencia para comprender el enigma de la existencia humana, del mundo creado y de Dios mismo»[6].

Esta manifestación fundamental del «Dios-Misterio» aparece como animación y desafío para los cristianos, incluso en el plano de la creación artística. De ello se deriva un desarrollo de la belleza que ha encontrado su savia precisamente en el misterio de la Encarnación. En efecto, el Hijo de Dios, al hacerse hombre, ha introducido en la historia de la humanidad toda la riqueza evangélica de la verdad y del bien, y con ella ha manifestado también una nueva dimensión de la belleza, de la cual el mensaje evangélico está repleto.

La Sagrada Escritura se ha convertido así en una especie de «inmenso vocabulario» (P. Claudel) y de «Atlas iconográfico» (M. Chagall) del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos. El mismo Antiguo Testamento, interpretado a la luz del Nuevo, ha dado lugar a inagotables filones de inspiración. A partir de las narraciones de la creación, del pecado, del diluvio, del ciclo de los Patriarcas, de los acontecimientos del éxodo, hasta tantos otros episodios y personajes de la historia de la salvación, el texto bíblico ha inspirado la imaginación de pintores, poetas, músicos, autores de teatro y de cine. Una figura como la de Job, por citar sólo un ejemplo, con su desgarradora y siempre actual problemática del dolor, continúa suscitando el interés filosófico, literario y artístico. Y ¿qué decir del Nuevo Testamento? Desde la Navidad al Gólgota, desde la Transfiguración a la Resurrección, desde los milagros a las enseñanzas de Cristo, llegando hasta los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles o los descritos por el Apocalipsis en clave escatológica, la palabra bíblica se ha hecho innumerables veces imagen, música o poesía, evocando con el lenguaje del arte el misterio del «Verbo hecho carne».

Todo ello constituye un vasto capítulo de fe y belleza en la historia de la cultura, del que se han beneficiado especialmente los creyentes en su experiencia de oración y de vida. Para muchos de ellos, en épocas de escasa alfabetización, las expresiones figurativas de la Biblia representaron incluso una concreta mediación catequética[7]. Pero para todos, creyentes o no, las obras inspiradas en la Escritura son un reflejo del misterio insondable que rodea y está presente en el mundo.

Alianza fecunda entre Evangelio y arte

6. La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido. Dicha intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas. Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu.

El creyente no se maravilla de esto: sabe que por un momento se ha asomado al abismo de luz que tiene su fuente originaria en Dios. ¿Acaso debe sorprenderse de que el espíritu quede como abrumado hasta el punto de no poder expresarse sino con balbuceos? El verdadero artista está dispuesto a reconocer su limitación y hacer suyas las palabras del apóstol Pablo, según el cual «Dios no habita en santuarios fabricados por manos humanas», de modo que «no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano» (Hch 17, 24.29). Si ya la realidad íntima de las cosas está siempre «más allá» de las capacidades de penetración humana, ¡cuánto más Dios en la profundidad de su insondable misterio!

El conocimiento de la fe es de otra naturaleza. Supone un encuentro personal con Dios en Jesucristo. Este conocimiento, sin embargo, puede también enriquecerse a través de la intuición artística. Un modelo elocuente de contemplación estética que se sublima en la fe son, por ejemplo, las obras del Beato Angélico. A este respecto, es muy significativa la lauda extática que San Francisco de Asís repite dos veces en la chartula compuesta después de haber recibido en el monte Verna los estigmas de Cristo: «¡Tú eres belleza... Tú eres belleza!»[8]. San Buenaventura comenta: «Contemplaba en las cosas bellas al Bellísimo y, siguiendo las huellas impresas en las criaturas, seguía a todas partes al Amado»[9].

Una sensibilidad semejante se encuentra en la espiritualidad oriental, donde Cristo es calificado como «el Bellísimo, de belleza superior a todos los mortales»[10]. Macario el Grande comenta del siguiente modo la belleza transfigurante y liberadora del Resucitado: «El alma que ha sido plenamente iluminada por la belleza indecible de la gloria luminosa del rostro de Cristo, está llena del Espíritu Santo... es toda ojo, toda luz, toda rostro»[11].

Toda forma auténtica de arte es, a su modo, una vía de acceso a la realidad más profunda del hombre y del mundo. Por ello, constituye un acercamiento muy válido al horizonte de la fe, donde la vicisitud humana encuentra su interpretación completa. Este es el motivo por el que la plenitud evangélica de la verdad suscitó desde el principio el interés de los artistas, particularmente sensibles a todas las manifestaciones de la íntima belleza de la realidad.

[...]

La « Belleza » que salva

16. Ya en los umbrales del tercer milenio, deseo a todos vosotros, queridos artistas, que os lleguen con particular intensidad estas inspiraciones creativas. Que la belleza que transmitáis a las generaciones del mañana provoque asombro en ellas. Ante la sacralidad de la vida y del ser humano, ante las maravillas del universo, la única actitud apropiada es el asombro.

De esto, desde el asombro, podrá surgir aquel entusiasmo del que habla Norwid en el poema al que me refería al comienzo. Los hombres de hoy y de mañana tienen necesidad de este entusiasmo para afrontar y superar los desafíos cruciales que se avistan en el horizonte. Gracias a él la humanidad, después de cada momento de extravío, podrá ponerse en pie y reanudar su camino. Precisamente en este sentido se ha dicho, con profunda intuición, que «la belleza salvará al mundo»[25].

La belleza es clave del misterio y llamada a lo trascendente. Es una invitación a gustar la vida y a soñar el futuro. Por eso la belleza de las cosas creadas no puede saciar del todo y suscita esa arcana nostalgia de Dios que un enamorado de la belleza como san Agustín ha sabido interpretar de manera inigualable: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!»[26].

Os deseo, artistas del mundo, que vuestros múltiples caminos conduzcan a todos hacia aquel océano infinito de belleza, en el que el asombro se convierte en admiración, embriaguez, gozo indecible.

Que el misterio de Cristo resucitado, con cuya contemplación exulta en estos días la Iglesia, os inspire y oriente.

Que os acompañe la Santísima Virgen, la «tota pulchra» que innumerables artistas han plasmado y que el gran Dante contempla en el fulgor del Paraíso como « belleza, que alegraba los ojos de todos los otros santos »[27].

«Surge del caos el mundo del espíritu». Las palabras que Adam Michiewicz escribía en un momento de gran prueba para la patria polaca[28], me sugieren un auspicio para vosotros: que vuestro arte contribuya a la consolidación de una auténtica belleza que, casi como un destello del Espíritu de Dios, transfigure la materia, abriendo las almas al sentido de lo eterno.

Con mis mejores deseos.

Vaticano, 4 de abril de 1999, Pascua de Resurrección.

IOANNES PAULUS PP. II


[1] Dialogus de ludo globi, Lib. II: Philosophisch-Theologische Schriften, Viena 1967, III, p. 332.

[2] Las virtudes morales, y entre ellas en particular laprudencia, permiten al sujeto obrar en armonía con el criterio del bien y del mal moral, según la recta ratio agibilium (el justo criterio de la conducta). El arte, al contrario, es definido por la filosofía como recta ratio factibilium (el justo criterio de las realizaciones).

[3] PromtehidionBogumil vv. 185-186: Pisma wybrane, Varsovia 1968, vol. 2, p. 216.

[4] La versión griega de los Setenta expresó adecuadamente este aspecto, traduciendo el términotōb (bueno) del texto hebreo con kalón (bello).

[5] Filebo, 65 A.

[6] Carta enc. Fides et ratio (14 septiembre 1998), 80: AAS 91 (1999), 67.

[7] San Gregorio Magno formuló magistralmente este principio pedagógico en una carta del 599 al Obispo de Marsella, Sereno: «La pintura se usa en las iglesias para que los analfabetos, al menos mirando a las paredes, puedan leer lo que no son capaces de descifrar en los códices», Epistulae, IX, 209: CCL 140 A, 1714.

[8] Alabanzas al Dios altísimo, vv. 7 y 10: Fonti Francescane, n. 261, Padua 1982, p. 177.

[9] Leyenda mayor, IX, 1: Fonti Francescane, n. 1162, l. c., p. 911.

[10] Enkomia del Orthós del Santo y Gran Sábado.

[11] Homilía, I, 2: PG 34, 451.


[25] F. Dostoievski, El Idiota, p. III, cap. V.

[26] «Sero te amavi! Pulchritudo tam antiqua et tam nova, sero te amavi!»: Confesiones, 10, 27, 38: CCL 27, 251.

[27] Paraíso, XXXI, 134-135.

[28] Oda do młodości, v. 69: Wybór poezji, Breslau 1986, vol. I, p. 63.

Juan Emar

Mis queridos,
Aquí les pongo a Juan Emar, texto que entregué la clase pasada y que hay que leer para el control de lectura de la próxima clase.

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ALGO SOBRE PINTURA MODERNA  de Juan Emar

 

Conviene hablar un poco sobre este tema, pues la pintura moderna es aquí como un mito, como una fábula diabólica. ¡Han concluido los santos tiempos en que el artista amaba lo bello y lo trasponía en la tela para dulce gozo y reposo del hombre atareado! Hoy parece que el artista ha roto el pacto con el hombre atareado y éste asegura que aquél, en vez de agradarle y mecerle en gratas ensoñaciones, le exaspera con sus cotidianos cánticos a la fealdad endiosada. El arte moderno es el caos, la locura. En cada esquina se me detiene y con gesto de fatalidad se me pregunta: “Y de arte, ¿qué se dice en Europa? La desorientación, el desconcierto, ¿no es verdad? Y los Viejos maestros echan una mirada esperanzada hacia todas las Escuelas de Bellas Artes, que ven como un baluarte para defenderse de la invasión de los monstruos futuristas. Luego el filósofo esteta de brasero, mate con bombilla y gato que regalonea, les explica las tristes causas de este mal que ha venido a echar por tierra ese patrimonio del arte que hasta ahora tan orgullosos nos tenía a nosotros los hombres”. ¡Signos de los tiempos!, dicen. Es el soplo de la anarquía que se extiende y domina. Es la revolución rusa, la guerra europea, la liberalidad de la mujer, el olvido, en suma, de todos los sanos preceptos que nos guiaban por el sendero de la cordura. ‘‘¿Qué de extraño que el satánico soplo invada también las artes?”.

No hay vueltas que darle: los artistas modernos se han vuelto locos. Sobre ello público y viejos maestros de escuela, están de acuerdo. Cuántas veces he Visto en París, al público de la villé lumière, reír a mandíbula batiente, ante las obras del Salón de Otoño y de los Independientes. El público más culto ríe. El nuestro, como todos los restantes, hace eco. Es la carcajada general, a pesar de que ante los locos se guarde a menudo silencio y la risa se cambie en compasión. Ante la pintura moderna no hay compasión. El burgués ríe porque el artista es un loco aún consciente, fatuo y grotesco.

Pero el maestro de la Escuela, el pintor oficial y el esteta serio, no ríen, no. El signo de los tiempos es grave. ¿Sabemos cuántos podrán mañana contagiarse? Y en esta época de guerras, de revoluciones, matanzas y aviones de bombardeo, escaparía de nuestro ensangrentado planeta la última manifestación de concordia y dulzura -¡el arte!- si las fieras modernas lograsen estirar sus tentáculos hasta el templo sagrado de la Escuela. En medio del público que ríe, maestros y estetas se alejan balanceando lentamente la cabeza y orando con unción:

—“iSálvanos León Bonnat, sálvanos Aman Jean! ¡Sálvanos Benedito, Boldini, sálvanos!”.

El acuerdo es perfecto, aunque diferente el modo de expresarlo. El niño-público se mofa; papá-maestro frunce el seño. Y ambos declaran que del moderno arte nada hay que esperar.

Pero con calma, con la relativa calma que pueden dar las columnas de un diario, convendría ver cuánto vale este acuerdo. Como tal mucho. Los hombres que saben, lanzan el anatema; aquéllos a quienes la sabiduría se dirige, aprueban el anatema. Sin embargo, no estaría de más escudriñar el valor de las partes hoy unidas contra el enemigo

común.

El público... mejor decir, la opinión pública... mejor decir, una sabia fuerza que no es posible poner en duda. Cuando la opinión pública habla, todo hombre debe callar. Es ella algo sagrada y hay que doblegarse. Pero en arte, lo es también? ¿Qué pide del arte cada buen señor que después de sus desvelos diarios, visita una exposición, escucha una sonata, hojea un libro? Podría responderse con mil frases hechas y otros mil lugares comunes: “Pido una evocación de belleza que me haga sentir que no todo es miseria en esta tierra”. “Pido la representación de los altos sentimientos de la humanidad”. “Pido pureza, armonía, tonos delicados, acordes hondos, párrafos vibrantes”. Y etcétera.

Mas todo ello es mentira. Cada cual va en busca de un halago, va a recibir un piropo, va a ver su propia imagen reflejada en Óleo, notas o palabras. Sus ideas acostumbradas, sus emociones pasadas, sus preocupaciones constantes quiere contemplarlas fuera de sí y de este modo confirmarse. Y si el pintor le presenta un paisaje como él distraídamente los ve en sus días de campo, y si el músico le recuerda sus amores de los quince años, y si el literato le describe la situación a que tanto aspira... entonces pintor, músico y literato tienen a sus ojos muchísimo talento. El arte, para el público, debe ser un cómplice de sus deseos y sobre todo asegurarle que puede seguir tranquilo en la existencia, pues como él es, así todo es y nada va a cambiar y nada hay más cierto ni más profundo.

Y de pronto, he ahí que aparecen pintores que no retratan la visión acostumbrada y que lánzanle, por lo tanto, un desmentido a su vista; músicos que no se emocionan con sus amores pasados y ante tales sensaciones que por tan grandes se tenían, permanecen indiferentes; escritores que parecen arrancar inspiración de otros mundos desconocidos. Ello es intolerable, es un atropello. El público no ve su rostro por ninguna parte, luego todo eso es falso. El artista está loco. ¡Pobre loco! Sólo merece una carcajada.

Aquí en el campo todas las tardes veo un piño de ovejas que un hombre silencioso conduce al establo. Quisiera yo entonces ver por todas partes, fielmente pintados, un pino manso y un hombre en silencio. Quisiera que el mundo de los artistas se ocupase en repetirme hasta lo infinito hombre y piño. ¿Por qué tal afán? Porque tal cuadro me agrada, contestaría, porque evoca la plácida vida de los campos, la labor fecunda, el sosiego dulce... ¡Mentira! Todo ello me es perfectamente indiferente. Lo quiero ver cien veces pintado, porque he sido “yo” quien lo ha visto en la realidad y porque no puede haber halago mayor que los artistas me digan: “Usted ve justo. Su visión no puede ser sobrepasada”. Todo hombre desea que los demás le aprueben. Ya1 arte le exige entonces otro tanto, bajo pena de excomunión.

Son bien pocos, por desgracia, los que llegan a pensar que acaso ese arte moderno de tan loca fisonomía, tenga un cierto lado desde el cual aparezca su razón de ser. Menos son los que piensan que al encontrarse ese lado, se lograría tal vez apreciar todo un nuevo aspecto y hasta un nuevo sentido de la naturaleza.

Los sabios maestros... Éstos son y han sido siempre los más encarnizados enemigos de todo movimiento nuevo. Hay en artes plásticas dos grupos de hombres bien definidos: los partidarios de la Escuela permanente, especie de templo donde se guardan verdades inamovibles, y los contrarios a la Escuela, a la verdad absoluta, a la clave que dé el poder de hacer obras maestras. Sobre un gran movimiento de arte, supongamos el Renacimiento italiano, o sobre grandes maestros, un Rembrandt o un Goya, hay mil hombres que se ponen, con grave ingenuidad, a estudiar y cavilar. Hay mil hombres que a este estudio no les guía el comprender la evolución de las artes o la filosofía de la estética, sino el descubrir por qué esas obras son magníficas, cómo sus autores han procedido para realizarlas, cómo han compuesto, dibujado y coloreado. Una segunda intención va oculta tras ese estudio: ella es la de poder precisar, ¡por fin!, el modo de hacer obras maestras, poder aprisionar en leyes precisas la facultad creadora.

¿Cómo hicieron los griegos? ¿Cómo dibujó Rafael? ¿Cómo valorizó Velázquez? ¿Cómo colorearon los impresionistas? Un poco de estudio, un análisis de la obra tal cual haríase con un motor de automóvil para saber por qué marcha, y luego se sabe "cómo" ha de hacerse para seguir la tradición de los griegos, "cómo" para dibujar a lo Rafael, "cómo" para valorizar a lo Velásquez y colorear a lo impresionista. Los resultados de estas investigaciones se proclaman y codifican y la Escuela se ha formado ... Se sabe la manera de hacer. No queda más que enseñarla y practicarla para hacer revivir en todo tiempo y en todo sitio las culminantes épocas de creación artística. Así nacen las fórmulas rígidas y escolares con cuya exacta aplicación se pretende hacer artistas como se hacen buenos carpinteros, buenos albañiles. Para que una mesa sea sólida y cómoda, para que la madera dure y presente buen aspecto, para que los cajones corran sin chirrear, se debe proceder en tal y cual forma. Para que un cuadro sea una verdadera obra de arte, se debe componer según tales reglas, dibujar de tal modo, colorear de tal otro y para componer, dibujar y colorear existen preceptos exactos que a nuestros alumnos enseñamos en tantos años de asistencia a las aulas.

Una Escuela de Bellas Artes difícilmente va más lejos.

Se comprenderá con qué odio desencadenado los hombres de escuela ven aparecer, en cada generación, una pléyade de artistas que desdeñan las fórmulas solidificadas y que proclaman que la última palabra en arte no ha sido dicha aún, que es en vano repetir como obreros los modos de expresión de otras épocas, que todavía es posible buscar nuevos elementos, buscar siempre, formar una nueva sensibilidad que agregue un anillo más a la cadena de las artes en vez de proclamarla definitivamente terminada y sólo con la posibilidad de una repetición eterna.

La Escuela ve en estos hombres un sinnúmero de audaces que van a arrebatarle su querido bálsamo hacedor de genialidad. Entonces se habla de caos, de anarquía y locura. Y las naturales exageraciones de toda juventud entusiasta y fuerte, las muestran con el dedo como único resultado posible de los que desconocen los principios absolutos.

No es mayor el valor de las partes. Por un lado un público vanidoso que pide por todos los sitios su imagen, sin haberse antes preguntado si puede su imagen tener algún interés. Por otro lado, los hombres deseosos de estancar toda marcha, toda evolución, para poder seguir con la exclusividad del cetro del genio.

Es esto lo que hoy pasa. Al lado de los artistas libres, Únicos continuadores de la parte viva de la tradición, están los artistas atados por añejas cadenas, continuadores de las apariencias muertas de la tradición. En el extremo opuesto, las exageraciones sin límites, la libertad convertida en capricho.

Pero mejor que todo esto sería concretarse un poco más haciendo un rápido bosquejo del actual movimiento pictórico del viejo mundo. A ello dedicaremos el próximo artículo. Luego citaremos nombres de entre los más afamados pintores de hoy día y reproduciremos obras. Así cada cual podrá juzgar y acaso perder el temor de esas fieras incoherentes de la plástica moderna. Por ahora, un Picasso que ojalá sirva como buen aperitivo.

 

(La Nación, domingo 15 de abril de 1923, pág. 9)

 

 

lunes, 3 de agosto de 2009

Programa segundo semestre de 2009

Mis muy queridos, 
Aquí les pongo el programa del curso de este semestre.
¡Bienvenidos!
PILAR

PS: OJO que al final está el CRONOGRAMA con las entregas, tareas y trabajos.

PROGRAMA

 

 

I.-  Identificación del Curso

 

CURSO                                     ESCRITURA Y EXPRESIÓN IDIOMÁTICA II

   Profesora                                                Pilar Vigneaux Delporte

   Mail                                                            escriblog@gmail.com

   Blog del curso                                    http://escriver.blogspot.com

 

II.- Descripción del curso

 

Este curso enseñará al estudiante los conceptos principales para poder escribir textos expositivos y argumentativos con propiedad. 

 

III.- Objetivos

 

  • Estimular la lectura y la escritura en los alumnos a través de un corpus heterogéneo de textos.
  • Desarrollar en el alumno  la comprensión lectora y el análisis textual.
  • Desarrollar una competencia en la escritura que se  enfoque en el ensayo.
  • Ejercitar la ortografía acentual del  estudiante.
  • Ampliar  el léxico del estudiante.

 

 

IV.- Contenidos

 

Unidad I            

                             

El manifiesto: el concepto y sus características

 

Lecturas:

·       La contadora de películas de Hernán Rivera Letelier.

·       “Primer manifiesto del Surrealismo” de André Breton.

·       “Manifiesto Dadá en 1918”

·       “Manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo” de Tristán Tzara.

·       “Manifiesto antropofágico” de Oswald de Andrade.

·       “El surrealismo y la pintura” de André Breton

·       “Desafío a la pintura”  de Louis Aragon

·       “El manifiesto blanco” de Lucio Fontana.

·       Escritos de arte de Juan Emar. http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0004789.pdf

 

Trabajo:  escritura de un manifiesto propio (10%)

Control de lectura más control ortográfico (5%)

 

Unidad II 

 

a) El texto expositivo / el resumen

·       ¿Qué es la exposición? ¿Para qué sirve?

·       ¿Cómo se hace un resumen y para qué sirve en relación a un texto expositivo?

·       Cualidades y características

·       Métodos de investigación

·       Artículos, editoriales, blogs, comentarios, análisis, trabajos de investigación, conferencias, disertaciones.

 

Trabajo: escritura de un artículo/crítica (15%)

 

b) El texto argumentativo

·       Características

·       Estrategias argumentativas

·       Tipos de textos argumentativos: debates, disertaciones, trabajos de investigación

 

Lecturas:

Donoso, José.  El jardín de al lado.  Bogotá: Espasa, 1981.

Escenas del cuerpo escindido.  Ed. Cecilia Sánchez.  Santiago: Cuarto Propio/Arcis, 2005. à libro de artículos.  Se hará una selección que se informará en clases oportunamente.

 

Trabajo: debate en clases (5%)

Construcción de un diálogo argumentativo (10%)

Control de lectura más control ortográfico (5%)

 

Unidad III

 

El ensayo

·       ¿Qué es un ensayo?

·       Rasgos específicos

·       Redacción de un ensayo

·       Delimitación temática; marco teórico; conclusión; bibliografía (según MLA).

 

Lecturas:

      “El ensayo como estructura lingüística y construcción de sentido” de María Elena Moll

 

Trabajo: ensayo 1 (10%)

Reescritura 1 (15%)

Reescritura 2 (25%)

 

V.- Actividades metodológicas

 

  • Clases expositivas
  • Trabajos escritos
  • Controles de lectura y ortográficos
  • Investigación personal

 

VI.- Evaluación

 

Unidad I

 

·       escritura de un manifiesto propio (10%)

·       Control de lectura más control ortográfico (5%)

 

Unidad II

 

·       escritura de un artículo/crítica (15%)

·       debate en clases (5%)

·       Construcción de un diálogo argumentativo (10%)

·       Control de lectura más control ortográfico (5%)

 

Unidad III

 

·       ensayo 1 (10%)

·       Reescritura 1 (15%)

·       Reescritura 2 (25%)

 

Ponderación del examen final: 30%

Nota mínima para eximirse del examen final: NO hay eximición

 

V.- Bibliografía (de consulta)

 

Andrade, Oswald de. Obra escogida. Caracas: Ayacucho, 1981.

Aragon, Louis.  “Desafío a la pintura”. El arte del siglo XX. Navarra: Salvat, 1993.

Breton, André. Manifiestos del surrealismo. Madrid: Guadarrama, 1974.

-----------------.  “Primer manifiesto del surrealismo”. Las vanguardias artísticas del siglo XX Mario de Micheli ed. Madrid: Alianza, 2000.

Grupo Cobra. “Helhesten”. El arte del siglo XX. Navarra: Salvat, 1993.

Dalí, Salvador. A la conquista de lo irracional. Madrid: Algaba Ediciones,  2003.

Dubuffet, Jean. “Prospecto para los aficionados de todo tipo”. El arte del siglo XX. Navarra: Salvat, 1993.

Elgueta, Gloria.  “Secreto, verdad y memoria”. Políticas y estéticas de la memoria.  Editora  Nelly Richard. Chile: Editorial Cuarto propio, 2000.

Emar, Juan. Escritos de arte.  Santiago: Dirección de bibliotecas, archivos y museos,  1992.

Faure, Élie.  “El espíritu de las formas”. El arte del siglo XX.  Navarra: Salvat, 1993.

Fontana, Lucio. “El manifiesto blanco”.  El arte del siglo XX. Navarra. Salvat, 1993.

Francastel, Pierre.  Sociología del arte. Buenos Aires: Alianza, 1998.

Jung, Carl Gustav. “Picasso”. Obras Completas. vol. 15. Madrid: Trotta, 2005.

Kandinsky, Wassily. De lo espiritual en el arte y en la pintura en general. México: Coyoacán, 1994.

Lhote, André.  Tratado del paisaje. Barcelona:  Poseidón, 1965.

Micheli, Mario de. “Los signos de la crisis”. Las vanguardias artísticas del siglo XX. Madrid: Alianza, 2000.

Mumford, Lewis.  Técnica y civilización. Madrid: Alianza, 1997.

Prinzhorn, Hans.Das Bildnerei der Geisteskranken”. El arte del siglo XX. Navarra: Salvat, 1993.

Sartre, Jean Paul.  Lo imaginario. Buenos Aires: Losada, 1982.

Sontag, Susan. Sobre fotografía. Barcelona: Edhasa, 1981.

Tzara, Tristán. “Manifiesto Dadá en 1918” y “Manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo”. Las vanguardias artísticas del siglo XX. Mario de Micheli ed. Madrid: Alianza, 2000.

 

 

VI.- Cronograma

 

 

FECHA

Actividades, lecturas y/o evaluaciones

4/8

Presentación del curso.  Evaluación ortográfica.  Tarea: leer La contadora de películas de Rivera Letelier.

11/8

Los manifiestos.  Conceptos del arte en la escritura.  Huidobro.  Parra.  Rivera Letelier.

Lectura de manifiestos en clase (“Manifiesto Dadá en 1918”; “Primer manifiesto del Surrealismo” de André Breton).  Tarea: leer “Manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo” de Tristán Tzara; “Manifiesto antropofágico” de Oswald de Andrade; “El manifiesto blanco” de Lucio Fontana.

18/8

Análisis de los manifiestos.  Opiniones.  Forma de escribirse.  Uso y traspaso de las reglas. Juan Emar y sus escritos (lectura en clases).Tarea: manifiesto propio.  Estudiar para control de lectura y ortográfico.

25/8

Presentación de los manifiestos.  Control de lectura y ortográfico. Repaso de descripciones y narraciones.  El texto expositivo: ¿qué es? ¿cómo se escribe? ¿qué lo conforma? Características.  Ejemplos. El resumen: ¿qué es? ¿para qué sirve? Tarea: empezar a leer El jardín de al lado de Donoso.

1/9

Ejercicios de textos expositivos. El método de investigación. Tarea: buscar textos expositivos.

8/9

Revisar textos encontrados. Más ejercicios sobre textos expositivos. Tarea:  Ver película en el cine y traer crítica.

15/9

Lectura de las críticas, comentario de la película. El texto argumentativo. ¿Qué es? ¿Cómo funciona? Características. Tipos de textos argumentativos: discusiones, debates, trabajos de investigación. Ejercicios. Tarea: traer un díalogo argumentativo escrito.

22/9

Lectura de los distintos diálogos.  Debates.  Tarea: lectura de artículos.

29/9

Discusión de artículos en relación con la novela de Donoso.  El ensayo.  Características.  Desmenuzamiento de los artículos leídos desde la perspectiva de su construcción.  Tarea: buscar artículos relacionados con la novela.  Estudiar para control de lectura y ortográfico.

6/10

Control de lectura y de ortografía.  Más sobre el ensayo.  Su construcción.  Las distintas partes dentro de él.  La bibliografía.  Tarea: dos páginas escribiendo la perspectiva desde la cual se piensa analizar la novela.

13/10

El ensayo. PRE- ENTREGA

20/10

Revisión de las dos páginas iniciales.  Tarea: cinco páginas con el principio del análisis

27/10

El ensayo. ENTREGA 1

3/11

Revisión.  Tarea: diez páginas con el trabajo completo.

10/11

EL ensayo. ENTREGA 2

17/11

Revisión. Tarea: revisión trabajo.

24711

ENTREGA 3